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De Quimeras y Ensoñaciones

Una nueva amistad

Preludios para entender lo que vais a leer: El protagonista escribe sobre un diario el sentimiento pasional de amistad que aún siente hacía una persona, persona que lo ha abandonado, y como consecuencia de ese olvido, él busca una nueva amistad que nunca le abandone, y lo encuentra paradójicamente en ...


Sobre el diario garabatearé palabras para rellenar el hueco vacío dejado por ti, verteré lisonjas y un discurso panegírico tan lleno de encomio y alabanzas que te harán entender mis sentimientos de amistad sinceros que aun hoy todavía siento, incluso más pasionales y verdaderos, y puesto que te fuiste sin despedir, sin una voz de aliento ni esperanza, tan solo el olvido, una nueva amistad, fiel, sincera, leal, se ha instalado en mi, ahora que tú ya no estás.
Le he abierto los brazos de par en par y ella se ha dejado acariciar, mimar, ha aceptado mis lisonjas y agasajos y comparte su tiempo conmigo, a mi lado, zalameramente instalada entre arrumacos y carantoñas llenas de complicidades, besos y afecto. Tiene un parecido al folio en blanco sobre el que escribo, misteriosa, callada, triste y profunda, a tan desesperante amistad me ha condenado tu huida, tu olvido. Hay pequeños instantes en los cuales me rió con ella, pero no es como tú, los más son melancolía y aturdimiento, ingratitud y desdén. A veces la abandono cuando escribo, y pienso en ti, pero al terminar, ha vuelto, y no quiere abandonarme, ya te dije que es la más fiel que conocí y jugaré con ella y le hablaré y seré su compañero, su amigo, y desde ya, desde este segundo de gloria que te di, yo también te dejaré, pues el olvido y la indiferencia hieren más que el odio, y sacaré a pasearla a ella, a mi nueva compañera y sustituirá tus silencios angustiosos y llenará mi olvido, ven, soledad, abrázame un ratito.
Te llevaré conmigo a la cama, y al despertar te llevaré agarrado de la mano, bajaremos las escaleras del portal de dos en dos y esperaremos en el andén de la vía número cinco la llegada de nuestro destino, y subiremos al tren, sin soltarte de la mano, y te sentarás sobre mis rodillas para no ocupar un asiento y al fin, en nuestra parada, nos bajaremos despacio, volveremos a bajar y a subir las escaleras de dos en dos y al llegar al lugar donde vamos, te sentarás a mi lado, en la silla vacía destinada a tu presencia, y mirarás curiosa los montones de papeles sobre la mesa, desordenados, en un orden solamente entendibles por mi, el orden dentro del desorden, papeles llenos de cifras, dígitos y números aburridos y anodinos que no te dicen nada y te contaré mis cuitas y sinrazones y tú escucharás, soledad, en silencio, sin contestar ni interrumpir mi monólogo de congojas y zozobras, mi aflicción de espíritu insuflado de pecados y corroído de deseos y anhelos que no entenderías , ¿sabes el motivo?, ¿sabes por qué no entenderías mis antojos vehementes?, el motivo es que te apartarían de mi lado, esas son las cuitas que te cuento, mi compañera del alma, mi traición, te la cuento al oído, ¡Que te vayas a ser feliz al lado de otro!, no quiero volver a decirte que te quiero, soledad, nunca mas y a cambio de mi alevosa ingratitud de perfidia y deslealtad te ofrezco como trueque la libertad.
Ya, claro, no te quieres ir, ya lo se, se está tan bien a mi lado, ¿verdad?. Claro, que tú ya te conoces la historia de tantas otras veces repetida y al cabo de un rato se te abrirá la boca de tedio y aburrimiento, más de que sueño y de cansancio y te propondré tomar un café para matar el hastío de la mañana glaciar que rodea nuestro mundo y dirás si con entusiasmo por romper la monotonía, pero antes, déjame acabar de repasar este expediente, para no dejarlo a medias. Ya está, vámonos. ¿Tú que tomas? . Uno muy dulce, claro, ¿un chocolate caliente está bien? . Ah, yo pago.
Y la mañana pasará, hundidos tú y yo, entre rancios olores a celulosa y bosque talado cuyo fin serán las tiras de papel teñidas de blanco, - mancilladas con numerajos y letras pedantes-, que ves sobre mi mesa, papeles, papeles y más papeles, que al cabo acabaran encerradas en el archivo, cuando no en el cubo de la basura, de sellos, de fechas, de simpleza, de un acabarse la vida que interrumpirá la trepidante y ensordecedora sirena, ululando en el aire y dejaré todo sobre la mesa y me iré intentando dejarte atrás, pero tú, taimada y sagaz, me verás alejarme y te cogerás de nuevo de mi mano y volveremos andando y al pasar por la plaza me dirás que quieres sentarte en un banco a dar de comer a las palomas que revolotean junto a la fuente, pero hoy te diré que no, levantaré las manos y me haré el loco, correré dando vueltas alrededor de la fuente, me mezclaré entre las aves que asustadas y alborozadas emprenderán el vuelo formando una nube que tapará el sol y cuando tú, soledad, te quedes extasiada contemplando el espectáculo multicolor, el aleteo furioso y colorista de tantas alas batiendo a un mismo ritmo y caigas en un regocijo sin par con esa escena teatral, entonces emprenderé la huida, te daré la espalda, me esconderé de ti, me iré sin despedirme, sin un adiós, sin un hasta luego, sin un para siempre, y ya no serás mi esclava por nunca, nunca más.
Ya sé, tienes razón, es cierto, fue tan solo una quimera. Me sentía tan extraño sin ti y tan culpable, corroído de remordimientos, que no pude dejarte abandonada y regresé a la plaza a buscarte para llevarte de nuevo, agarrándote de la mano, de regreso. Ya sabes que te quiero.

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